Al igual que la dislexia y la disgrafia, en este caso, la discalculia hace referencia al trastorno del desarrollo del cálculo, el cual puede evidenciarse incluso desde los 4 años de edad, cuando el menor presenta dificultades para identificar los números, aún estando estos escritos, muestra problemas para diferenciar los mayores de los menores y omite varias secuencias de números. Con el transcurso del tiempo, se evidencia problemas para distinguir los signos de suma, resta, multiplicación y división, memorizar las operaciones aritméticas, manejo de números de uno, dos o más dígitos, y presentar problemas en el manejo numérico.
Este trastorno no es un problema de retención o de memoria, el coeficiente intelectual del menor debe estar dentro de un rango normal, las dificultades con los números no se explican mejor que por la presencia de un trastorno mental o neurológico. Su etiología probablemente se deba a factores que afectan la adecuada maduración de las estructuras cerebrales encargadas de ésta área. Es altamente probable de ser heredado.
Respecto a su prevalencia, la discalculia es tan común como la dislexia afectando un 5% de la población infantil. En muchos casos los niños no son diagnosticados a tiempo y son tratados como si tuvieran problemas de atención o de concentración, dificultando el tratamiento y retrasando el proceso de aprendizaje del cálculo.
Es importante anotar, que al igual que los trastornos de lectoescritura, estos niños se caracterizan especialmente por las dificultades en el cálculo, sin embargo, es necesario realizar una aplicación de pruebas neuropsicológicas para determinar el perfil cognitivo del niño y poder desarrollar un plan de intervención efectivo para estos casos.
Tratamiento:
Una vez diagnosticado el trastorno por medio de la evaluación neuropsicológica, se debe iniciar el tratamiento cuanto antes. Es importante que el tratamiento sea desarrollado por profesionales capacitados en esta área, con el fin de evitar el riesgo de que el menor sea obligado a realizar constantes operaciones aritméticas de las cuales no tenga conocimiento alguno, aumentando así su nivel de frustración y de negación para las actividades aritméticas y del estudio en general.
Los trastornos del aprendizaje no desaparecen del todo, pero si se logra disminuir significativamente la dificultad. No se debe obligar al menor a realizar ejercicios aritméticos de manera forzada y mucho menos regañarlo por su dificultad para los números, debido a que esto aumentaría la frustración del menor y afectaría el tratamiento.
Muchas veces, es necesario hacer entrenamiento en las habilidades visoespaciales y visoconstruccionales del menor, estimular los conceptos de seriación, el razonamiento perceptivo, la posición de las figuras, el manejo numérico, la lateralidad, la orientación espacial, la noción del tiempo, las formas geométricas, los rompecabezas de dos y tres dimensiones, entre muchas otras actividades que el profesional debe conocer.
Si el diagnóstico de discalculia es detectado en grados escolares avanzados como el bachillerato, es muy probable que además de los ejercicios de rehabilitación cognitiva en las habilidades del rendimiento académico, el menor inicie un plan de tratamiento por psicoterapia, enfocado en trabajar los autoesquemas, la frustración y las negación que probablemente se pudo haber desarrollado en los años escolares anteriores. Para estos casos, se recomienda el tratamiento por psicología cognitivo conductual.
EL DSM V:
Indica que la discalculia se refiere a un patrón de dificultades que se caracteriza por problemas de procesamiento de la información numérica, aprendizaje de operaciones aritméticas y cálculo correcto o fluido. Si se identifica este trastorno, es necesario identificar cualquier dificultad adicional que se presente como el razonamiento matemático o del razonamiento de las palabras.
Se debe especificar la gravedad actual:
Leve: Algunas dificultades en las aptitudes de aprendizaje en una o dos áreas académicas, pero suficientemente leves para que el menor pueda compensarlas o funcionar adecuadamente cuando recibe tratamiento, especialmente en la edad escolar
Moderado: Las dificultade son notables con las aptitudes de aprendizaje en una o más áreas académicas, de manera que el individuo tiene pocas probabilidades de llegar a ser competente sin algunos periodos de enseñanza intensiva y especializada durante la edad escolar. En este caso, sería necesario realizar una adaptación o servicios de ayuda al menos durante un espacio escolar.
Grave: Afectan varias áreas académicas, de manera que el paciente tiene pocas probabilidades de aprender esas aptitudes sin enseñanza constante e intensiva individualizada y especializada durante la mayor parte de los años escolares. Incluso si se realizan constantemente estas actividades en la casa y el colegio, puede no ser capaz de realizar con eficacia todas las actividades.
Referencias:
- American Psychiatric (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Washington, DC: Author
- Ardila, A., Roselli, M., Matute, E. (2005). Neuropsicología de los trastornos del aprendizaje. México: Ed. Manual Moderno.